lunes, diciembre 19, 2005

El teorema de Bachelet y Piñera

Por Rodrigo Alcaíno Padilla

Si Pitágoras viviera en Chile por estos días, sería grito y plata, jugaría con las cifras desprendidas de las elecciones presidenciales y parlamentarias. Por que para todos los políticos de hoy se trata de sumar los votos según alianzas, adelantar escenarios, gobiernos y ministerios.

A saber, el remozado comando de Sebastián Piñera se vale de la adición de votos conseguidos por Joaquín Lavín para asegurar un triunfo el 15 de enero; 26 más 23 es igual a la banda presidencial.

Por su parte, la Concertación insiste en que el voto comunista, y el supuesto traspaso de adherentes populares lavistas que no votarían por Piñera, provocarían el despegue de la candidatura oficialista. Al mismo tiempo, la lógica de los números amenaza con hacerse presente de manera negativa, ante un posible éxodo de votos demócratacristianos.

En verdad, es bastante insano que la clase política juegue con los sufragios de la ciudadanía como si se tratara de fichas de casino; cada votante, según esta lógica, tiene un valor específico, con cero posibilidad de variación en el futuro.

Con esta actitud queda de manifiesto la poca valoración que tienen los políticos del rol ciudadano, incluso el desconocimiento de su capacidad analítica. Es como en los tiempos en que "el peso de la noche" marcaba la pauta y guiaba el rebaño en torno al patrón.

Los votantes han jugado malas pasadas a los optimistas en muchas ocasiones, que lo diga el Presidente Lagos tras su difícil elección en 2000 o lo que aconteció con la misma Michelle Bachelet el 11 de diciembre pasado.

Sebastián Piñera cifra demasiadas esperanzas en miles de personas que legítima y lógicamente pueden cambiar de opinión, con humanismo cristiano o sin él. Las calculadoras sirven en política, pero ante hechos consumados, no con proyecciones y augurios.

El 15 de diciembre es un libro abierto no sólo por la mínima brecha que separaría a ambos contendores, sino que también por el libre albedrío de cada votante, ese elemento que ambas coaliciones partidistas han querido olvidar.

Atención, no estamos frente a teoremas infalibles, ante fórmulas universales o encuestas representativas; se trata de una elección democrática en que cada ciudadano se manifiesta sin temores ni presiones, un proceso completamente distinto a los anteriores y un final absolutamente abierto.

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